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domingo, 24 de febrero de 2019

MI MUERTE


Al llegar a la calle designada, olvidé el número del domicilio. Sabía que era una cuadra antes, o después, del templo en que conocí a mis QQ.·.HH.·., pero, por más que recorría de un extremo a otro de la calle, no daba con el sitio. Fue entonces cuando se abrió la puerta de una casa, que bien podría haber sido cualquier casa, y me atendió quien sería mi Guía en el proceso de mi muerte. Dejé mi mochila en un salón con biblioteca y fui llevado al garaje de la casa, donde había una silla. Mi Guía me dijo que debía esperar a que me llamen, luego me dejó solo. Comencé a regular mi respiración, a relajar el cuerpo. Estaba nervioso. Sin darme cuenta, mi vida me había preparado para éste momento. Iba a morir, por fin, y a obtener una segunda posibilidad. Concentré mi mirada en las plantas verdes del jardín. Las formas, que asemejaban a viscosos tentáculos, me remitieron a otras oportunidades en que había estado a punto de morir. A los siete años, cuando estuve cerca de caer por un acantilado en Amblayo. Después recuerdo otra, luego otra, luego otra, hasta llegar al momento en que me encuentro sentado en la silla, mirando las plantas y esperando mi turno para morir. Antes de llegar al Templo, almorcé con mi padre y su familia. Quise despedirme de mi madre y mis hermanos, pero no los encontré. Durante el almuerzo, Costillas de cerdo con ensalada y de postre durazno con dulce de leche, mi padre me preguntó a dónde iba. A un evento, respondí. Me bañé, me afeité. Me puse un traje negro, zapatos negros, corbata negra. Tan elegante me veía que, según mi padre, parecía que iba a un funeral. Para la madre de mi madrastra, yo iba a una boda y, además, yo era el novio. Reflexioné sobre eso, mirando las plantas y moderando mi respiración. ¿Voy a una boda o a un funeral? ¿Soy el novio o soy el muerto? Escucho un ruido metálico del otro lado de la puerta, la voz del V.·.M.·. que realiza algunas preguntas. No entiendo las preguntas. Del otro lado de la silla, se puede escuchar a los niños jugar en la vereda, vecinos que hablan, autos que pasan. Vuelvo a fijar mi mirada en las plantas, que todavía respiran moviendo sus tentáculos. Krishna hace aparición en mi mente, y sonrío. Por fin sonrío. No por alegría, sino por estar complacido. No estoy solo. Recuerdo a Krishna apareciendo en mis sueños, bifurcado en innumerables avatares. Recuerdo las lecturas del Mahabharata, las lecturas sobre la guerra entre los cien Kauravas (que representan a nuestros cien vicios) y los cinco Pandavas (que representan a nuestras cinco virtudes). Recuerdo las virtudes de los Pandavas, y recuerdo también sus defectos. Recuerdo mis intentos de suicidio por no soportar el infierno de esta vida. Recuerdo la epifanía, Krishna apareciendo en mi pesadilla para despertarme. Veo a Krishna en las plantas, lo escucho reír con los niños que juegan en la vereda. Se abre la puerta y mi Guía me pide que lo siga. Trae una bolsa consigo y pide que deposite allí mis pertenencias. No tengo ninguna, y se va con la bolsa vacía. Me pide que me quite la corbata y me desabroche la camisa. Desnudo mi brazo izquierdo, mi pie. Me venda los ojos, no lo me los venda. Ese acto permanece en duda en mi cabeza. Me lleva hasta mi tumba y me pide que escriba mi testamento. Estoy solo en la oscuridad, iluminado por una vela que alumbra las preguntas que contienen el triángulo. Veo carteles de amenazas. Amenazas que ya he vencido. Veo la fecha de mi muerte en la lápida 01/01/86 – 10/02/19. Morir a los treinta y tres años. Comienzo a escribir mi testamento. Dios vive en mí, y mi deber es manifestarlo. Los deberes de los hombres libres es el de mantener calmo el río del Dharma. El deber de los hombres libres es que todos los hombres lleguen a la iluminación. Los beneficios que espero son las virtudes de los Pandavas, la decisión de destino, la fuerza, el triunfo, la belleza y el conocimiento. Sólo espero compañía en esta Vía. Le digo a mi Guía que estoy listo. Se lleva mi testamento, vuelve y me venda. Me lleva a un sitio que desconozco. Escucho la voz del V.·.M.·. leer en voz alta mis respuestas, escucho a los demás murmurar. Voy a morir, me digo. Mi Guía pide permiso, formalidades que establecen que estaba perdido antes de llegar, y en verdad lo estaba, y que ahora pedía permiso para entrar porque, al fin, era un hombre libre y de buenas costumbres. Cómo dirían los estoicos, el destino nos marca a todos. En mi caso, es una espada en mi pecho, mi sangre como pacto de lealtad. Voces fantasmales preguntan por las respuestas de mi testamento. Preguntan si soy yo quien ha escrito. Recuerdo a Buda meditando frente a Mara. Digo sí. A todo digo sí. A la muerte le digo sí, a mi muerte le digo sí. A la nueva oportunidad le digo sí, a la iluminación digo sí. No lo dicen, pero lo sé. Voy a volver a nacer. Mi Guía me lleva por diferentes estadías. El Aire que simboliza mi nueva vida, libre de los pesos materiales. El Agua que me bautiza, el Fuego que calienta mi espíritu y me lleva a la iluminación. Mi Guía me lleva por un recorrido que todos conocen, menos yo, y mi misión es confiar. Finalmente, el último martillo golpea en mi pecho, y la voz del V.·.M.·. vuelve a preguntar. ¿Voy a seguir insistiendo? Quiero volver a nacer, es todo lo que pienso. No me gusta estar muerto. No me gusta ser un muerto que camina. Quiero vivir. Insisto. Me llama a quitar las vendas de mis ojos. Es mi nacimiento. Abro los ojos. Espadas apuntan a mi cuello. Es el peligro de la vida, el compromiso de la misión, el río calmo del Dharma. Mis tres golpes hacen brillar la piedra.

Imagen: https://www.diariomasonico.com/biblioteca-masonica/autores/rene-guenon/las-condiciones-de-la-iniciacion

miércoles, 20 de febrero de 2019

EL SENDERO DE LA LUZ


Inicié mi viaje hacia el mundo masón desbordado de intriga y curiosidad, pero con la idea firme de compartir con mis hermanos, un grupo lleno sabiduría, conocimientos, cargado de buenas intenciones y ansioso por incorporar nuevos conocimientos y aprendizaje.

Aquel domingo 10 de Febrero ingresé a la Cámara de Reflexiones y encontré un espacio poco iluminado, pero con mucha paz y energía. Rodeado de los elementos masones intenté encontrar significado a cada uno de ellos; el que más me llamó la atención fue la lápida con mi nombre, fue una imagen fuerte, el H:. Exp:. me indicó que representaba mi defunción en el mundo profano para nacer en el mundo de la luz y el conocimiento de la masonería. Impactado por esta simbología pensé entonces, no somos dueños de nuestra vida, pero sí de las acciones para hacerla digna, y creo ver en la masonería una herramienta más para que así sea. 

Luego de responder las preguntas que encontré en la Cámara, de la manera más sincera posible, fui llevado al templo. Privado de mi sentido más preciado, como dijo el V:.M:., y guiado por el H:.Exp:. ingresé al templo, de inmediato se activaron mis otros sentidos, pude percibir el egregor que inundaba el lugar, el silencio que reinaba, la paz en que me encontraba. El V:.M:. dio inicio a la ceremonia, me sentí invadido por la intriga pero con el manto de la tranquilidad que me brindaban mis hermanos. Fui apuntado entonces por una espada, y aún luego de escuchar lo que ello representaba, lejos de sentir miedo comprendí la importancia de mantener la discreción y de proteger la identidad de tan preciado grupo de hermanos, y de la masonería misma.

Una vez advertido, y habiendo reafirmado mi deseo de pertenecer a La Orden, fui instruido acerca de los principios de la masonería, fue entonces cuando descubrí que coincido con varios de estos ideales.

Inicié entonces mi primer viaje, guiado nuevamente por el H:. Exp:., un viaje cargado de simbolismos e incertidumbre, atravesando obstáculos hasta llegar a una posta, donde fui golpeado en mi pecho fuertemente, este impacto me recordó los golpes de la vida misma y el por qué he de seguir siempre adelante, sin importar la dureza del golpe. Una vez concluido mi primer viaje fui consultado sobre mis conceptos acerca del fanatismo, la virtud, la libertad, el progreso, la fraternidad. Aunque mis respuestas fueron algo vagas en contenido, el V:.M:. me explicó el profundo significado que cada una de estas palabras tiene para la masonería. Luego de estas enseñanzas hice mi segundo recorrido espiritual, nuevamente con la guía del H:.Exp:.. En esta oportunidad no encontré obstáculos y este viaje fue entonces más reconfortante, transité este sendero con más confianza y aplomo que el primero. 

A lo largo de ambos recorridos escuché los ruidos de las espadas, pensé entonces en las incansables luchas de grandes hombres y mujeres a lo largo de la historia, en búsqueda de igualdad, verdad y justicia. Luego de ambos viajes fui también inundado por distintos elementos, aire, fuego finalmente agua, este último con un fuerte contenido simbólico, sentí entonces que estaba naciendo en el mundo de la masonería, estaba siendo bautizado. 

Llegando casi al final de la ceremonia, recibí las marcas simbólicas de los masones, sangre en espada y un hierro candente en mi brazo imprimieron esas marcas para siempre en mi corazón. Finalmente mis hermanos auguraron luz para mi espíritu, fue entonces cuando me fue retirada la venda que me cegaba, mis hermanos me apuntaban con espadas, el V:.M:. me recordó nuevamente la importancia de no traicionar la causa, de no entregar a mis hermanos JAMAS. 

Luego de revelada la luz, mis hermanos me dieron una cálida bienvenida, sentí mucha alegría y regocijo, ya era parte de otro universo, de otro mundo, de otra vida, honraré con mis acciones la cadena fraternal que se abrió para darme ingreso, me abracé con mis hermanos y me retiré del templo, andando sobre un nuevo camino, el camino de la luz, del conocimiento, el camino de la masonería...

Imagen: http://logiamediodia.com/2018/10/09/podcast-la-inicicion-masonica-masoneria-soflama-politica/

SALIR DE LA CAVERNA


Mi alejamiento de cualquier tipo de religión me coloca en un lugar distante de rituales y ceremonias. Estos no están incorporados en mi vida, no forman parte de mi vida cotidiana, por ello confieso que mi relato sobre la ceremonia de iniciación no tiene quizás esos tintes emotivos que suelen surgir en experiencias como estas sino más bien me surge la reflexión con todo lo atravesado.

La entrada a la “cámara de reflexiones” me pareció un sitio perfectamente preparado para su fin, me llevó, naturalmente, a pensar. Los objetos que más me impactaron fueron la lápida con mi nombre porque en la cotidianeidad uno no suele pensar en la muerte propia pero también la asocie a un nuevo nacimiento, o el despertar o el comienzo de una nueva vida, el dejar atrás todo lo que conocí hasta el momento por lo tanto surgió en mi un sentimiento, si se puede decir, de alegría y satisfacción por lo que estaba por suceder.

La calavera también fue uno de los objetos que me llamaron la atención puesto que uno inmediatamente lo asocia a la muerte, a lo oscuro, al mal, etc. creo que indudablemente lo llevan a uno a pensar e indagarse ayudado por la serie de preguntas que había que responder en el papel y que sacó de mí reflexiones personales muy profundas que no suelo compartir con otros.

En la segunda parte de la ceremonia trascurrida en el interior del Templo, realizamos tres viajes simbólicos con los ojos vendados y acompañados por el H:. Exp.´. fueron, sin dudas, una experiencia única ya que nunca viví una situación similar. El hecho de estar con los ojos tapados todo el tiempo me puso en un estado que me es difícil de explicar ya que por momentos me sentía muy intrigada por todo lo que pasaba alrededor y que no podía percibir con los ojos pero si con los otros sentidos. Los sonidos, los obstáculos por atravesar, los golpes en el pecho, las palabras. Me sentí muy bien acompañada y en confianza por el por ello H:. Exp.´. quizás, no sentí temor ni angustia por lo que sucedía.

Al momentos de las preguntas sobre lo que opino sobre determinados conceptos fue un momento bastante curioso porque son conceptos que suelo usar diariamente en mi trabajo pero en ese estado los sentidos están como perturbados, por lo tanto no podía y ni siquiera se me ocurrió usar siquiera uno de esos conceptos teóricos, tan sólo surgieron ideas muy subjetivas de aquello y creo que en ese sentido el ritual logra su objetivo de indagación propia y personal de los iniciados. No podía más que expresar lo que verdaderamente pienso de aquellas palabras.

Al momento de quitarme las vendas y volver con todos mis sentidos me sentí muy contenida. La ceremonia prosigue cargada de simbolismos y cosas muy significativas para la masonería que poco a poco iré incorporando.

En un principio lo asocie a un bautismo religioso pero también esta experiencia me remitió a la “Alegoría de la Caverna de Platón”. Allí los hombres están encadenados en una cueva desde su nacimiento donde lo único que pueden percibir del mundo real son sombras proyectadas por otros hombres en la pared de la caverna y esa es toda su idea de realidad. Pero uno de los hombres logra escapar de esa cueva y captar el mundo con todos los sentidos y concluir que es completamente distinto a lo que él percibió toda su vida en la cueva. Cuando intenta regresar a la cueva a liberar a los otros esto no le creen su historia y es condenado a muerte.

Esta alegoría podría asimilarse a esta experiencia de iniciación ya que siento que representa un comienzo en la construcción de un ser nuevo. La caverna es la representación del mundo profano donde me encontraba. Todo lo que conocí en mi vida anterior es solo una pequeñísima parte. Hay mucho más por saber, por conocer, por reflexionar, por pensar, por ver, por sentir, por hacer y por dejar. Que a partir de esta iniciación soy el hombre que se liberó de las cadenas y está saliendo a conocer el mundo real, el mundo de las ideas y de lo sensible como lo intenta explicar Platón.


Para terminar mi humilde plancha quería agradecer a todos los QQ.·.HH.·. por la invitación a formar parte de esta Logia y por la cálida bienvenida que tuve. Espero poder lograr todos los objetivos propuestos. 

Imagen: http://queaprendemoshoy.com/el-mito-de-la-caverna-los-dos-mundos-de-platon/

jueves, 6 de septiembre de 2018

VIVENCIAS INICIÁTICAS


Sentado, despojado de mis elementos, con mis ojos tapados pero con los sentidos abiertos, trataba de controlar mi respiración en un intento de calmar mi alma, para con ella, entender lo que me mis ojos no veían, voces, murmullos, ruidos y olores extraños me rodeaban. 
El frio que subía por mi descalzo pie derecho se unió en mi pecho con el frio que bajaba desde mi desnudo brazo izquierdo, luego, se descorrió la venda que cubría mis ojos, de a poco, las pupilas se fueron acostumbrado a la tenue luz que emanaba del candil; fue entonces que aparecieron frente a mí siete letras V.I.T.R.I.O.L., las cuales resaltaban sobre el fondo negro de aquella cámara, V.I.T.R.I.O.L., mi primer contacto con un mundo desconocido, V.I.T.R.I.O.L., ya mismo ansiaba conocer su significado, V.I.T.R.I.O.L., un enigma en si mismo que me llevaba hacia otros misterios, hacia un viaje, que quizás sin saberlo, comenzara un tiempo atrás. 

Apoyado sobre el oscuro paño de la mesa se encontraba un trozo de papel, en cuya forma piramidal se encontraban impresas cinco preguntas, un cuestionario que luego de analizarlo por un momento comprendí que quizás yo no sabía por completo las respuestas a aquellas preguntas, comprendí que debía buscarlas dentro de mi mismo, buscar, y explorar dentro de mi alma. Los objetos que se encontraban en la mesa, una calavera, un reloj de arena, agua, y otros elementos; me transportaban, a propósito, a lo mas básico de mi ser, a lo que nos iguala, la muerte, la calavera, lo inevitable, lo incontrolable del tiempo, el agua fuente de vida, y allí, encontré las respuestas a dichas preguntas y a muchas otras que surgieron desde algún lugar, un compromiso con mi ser, una fraternidad universal, una dirección, siempre hacia adelante, pero asentado en las bases que vamos forjando a cada instante de nuestra existencia, bases estas que, de una manera u otra, siempre son ayudadas a forjarse por nuestros pares y cuyas bases también ayudamos a forjar, muchas veces sin saberlo. 

El hermano que me guiaba me volvió a vendar los ojos, esta vez, de pie, sentía el aire entrar en mis pulmones, mi cerebro estaba liviano, claro, presto a interpretar lo que se aproximaba. De repente, tres golpes a la puerta y una voz grave que desde adentro decía palabras que sonaban repetidas miles de veces, millones de veces, aquí, allá, ahora, antes, luego; siempre. Palabras de un ritual cuyos orígenes se me ocurrían perdido en los confines del tiempo, pero sin embargo, un ritual que, pasado de boca en boca, de corazón a corazón, de un alma a la otra, de un hermano a otro, venía desde siempre, estaba allí conmigo, y seguiría estando presente mientras existan los humanos sobre este mundo, seguiría estando presente mientras hayan hombres de bien. 

Un objeto punzante oprime mi pecho, la voz ordena que use mi tacto para comprender de que objeto se trata, mis manos sienten el metal, las yemas de mis dedos perciben el frio y el filo que solo pueden corresponder a una espada; allí, rodeado de voces, de cuerpos, de almas, de ruidos, indefenso, con una venda en mis ojos, me siento, sin embargo, en una cierta paz conmigo mismo, en una especie de seguridad brindada por lo que me rodea, el miedo no existe, el miedo es lo desconocido, la angustia va cediendo ante la razón, que de a poco deja percibir lo importante de aquel momento, de aquel renacer, de aquel desaprender, de aquel volver a aprender. 

“El que penetre aquí tendrá que combatir sin tregua contra el error,el egoísmo y el vicio; contra todo lo que oscurece la inteligencia, pervierta el sentimiento o esclavice la voluntad, tendrá que luchar consigo mismo, dominar las pasiones, desechar todo móvil interesado y dedicarse, para siempre, a la práctica del bien”, dijo aquella voz, una voz, otra voz, varias voces, la misma voz. 

“Tres viajes realizarás...” escucharon mis oídos, durante ellos, ruidos de lucha, entrechocar de espadas me rodeaban, desconcierto, atención, aprendizaje, aguzar los sentidos; sentidos que me decían que aquellas luchas, aquellos ruidos, eran las luchas que yo mismo debería enfrentar dentro y fuera de mi ser para lograr la práctica del bien, conmigo mismo y con los demás. Amargores y dulzores se me dieron, amargores y dulzores que se me representaban como cada acto de la vida, como lo dulce que hay en lo amargo y lo amargo que hay en el fondo de cada dulce, en cada aspecto de la vida. 

No sé cuanto tiempo estuve con los ojos vendados, el tiempo siempre me pareció relativo, pero en aquel lugar, en aquel momento, el tiempo parecía flotar, estirarse, contraerse, amoldarse a aquella realidad que me recibía, a aquellas almas que me recibían. 

“Pueblo masónico, como soberano que sois, ¿que pedís para el profano? 

LUZ 

La voz dejaba entrever un tono exultante, que hacia prever que la claridad llegaba, que pronto sentiría con todos mis sentidos, que los ojos vendados solo permitían agudizar a los demás., pero que, sin embargo, los ojos, auxiliados por las demás. formas de sentir, completan lo que, como humanos, somos capaces de ver, de sentir, de comprender, de irradiar. 

Al quitarme la venda de los ojos, y con cada parpadeo que aclaraba mis ideas y mi vista, estaba rodeado de muchas almas, muchas mas de lo que el numero de voces que escuché con anterioridad parecía indicarme, sentí que en ese momento volvía a nacer, rodeado de almas que me esperaban, como en el primer nacimiento, pero a diferencia de aquel, era mi propia alma la que eligió, en esta ocasión, como volver a nacer.

imagen: https://www.diariomasonico.com/suscriptores/planchas-grado-de-aprendiz/mi-camara-de-reflexiones/